Ara del altar de la Basílica de la Virgen de la Cabeza, Andújar.

Asesor y coordinador litúrgico de esta obra:

D.Juan María Canals. Secretario de la Comisión Episcopal de Liturgia.

Forja artística:

Fernando Bejarano Carmona

Dorado:

Angel M.Baró Pineda

 

Textos : Alfredo de Ybarra

Fotografías: Manuel José Gómez Martínez

Altar_mayor_virgen_de_la_cabeza.Manuel Lopez escultura Un  altar para la basílica del Cabezo
Con su consagración comienza un nuevo ciclo en el Santuario de la Morenita.


Cuando la historia quiera hacer referencia a las mejores páginas en torno a  la Virgen de la Cabeza se tendrá que detener sin más remedio y signará de un modo destacado todo lo sucedido en el año jubilar y en su gran contexto; aún se escribe su epílogo.

La concesión por parte del Vaticano del título de Basílica al Santuario de la Morenita ha corroborado este momento estelar. Ante esto, y, de la mano del obispado, los padres trinitarios, se propusieron realzar el templo serrano y además, adaptarlo a los cánones  litúrgicos que una basílica requiere.

Así se comenzó  a finales de 2009 una total remodelación del presbiterio, y la reestructuración de algunos elementos del santuario, necesarios para ser definitivamente basílica, cuya culminación serviría como colofón a lo que sería el Año Jubilar Mariano.

Así se crea un nuevo espacio para la reserva eucarística, se realiza un nuevo ambón y una nueva sede, reordenando su localización.

Quedando como eje de toda esta nueva conformación un nuevo altar. Siendo rector del santuario el padre Domingo Conesa comenzó el proyecto, dando el definitivo impulso el actual rector, el padre Isidoro Murciego y el actual párroco del Santuario, el padre Rafael Márquez.

El escultor Manuel López, es el encargado de realizar esta obra.Manuel López es un prestigioso escultor, con acreditados premios en su haber; cuenta con obras de reconocida valía en diversos lugares de Andalucía, Extremadura, Castilla-León, o Italia, por ejemplo.

El artista es reconocido por múltiples obras muy significativas, incluso en la catedral de Jaén ejecutó el altar mayor y la pila bautismal y su espacio, ya ha realizado diversas intervenciones en el Santuario y en su entorno inmediato. Obra de este artista en el Cabezo es la reja de la calzada que da acceso a la lonja del templo, o por ejemplo, la propia remodelación y distintas intervenciones escultóricas del presbiterio. El artista mantiene una larga relación con la orden trinitaria, de común encuentro en el ideario simbólico y artístico de la hoy basílica serrana  que se ha ido definiendo a lo largo de diez años.

 

 

El altar viene a ser el remate de una intervención muy mirada por todos las partes con responsabilidad directa: obispado y padres trinitarios; donde destaca la labor realizada en todo momento como asesor  y coordinador litúrgico de Juan María Canals, director del departamento de liturgia de la Conferencia Episcopal Española.



 

 

 

 

FICHA TÉCNICA DE LA OBRA:

El ara en sí está realizada en piedra de Porcuna con talla directa del pantocrátor central más los dos relieves escultóricos de los laterales. A su vez el ara  alberga en su parte posterior un relicario dedicado a los mártires trinitarios del santuario; está realizado en plata y engastes con diversa pedrería; los motivos de la decoración están relacionados con la orden trinitaria. El relicario contiene el relieve con la frase del martirologio que dice: Pro Xrhisti regno sanguinen fuderunt. Que viene a traducirse como: Entregaron su sangre por el reino de Cristo.

En el lateral derecho nos encontramos el árbol de la vid, que contiene las especies eucarísticas del pan y el vino, el cuerpo y la sangre de Cristo, motivos sobre los que gira la iconografía del altar. De la raíz de esta vid surge un pequeño relieve en plata que describe el camino peregrino de los romeros y devotos a este lugar, y culmina en un pequeño Santuario con la imagen de la Virgen de la Cabeza, meta de este fervor tan antiguo y tan arraigado en el sentimiento popular. Qué sería de la peregrinación sin esos símbolos del santuario y la Madre, todo conforma una unidad indisoluble.

En el lateral izquierdo nos encontramos con motivos simétricos de la vid, con sus atributos eucarísticos ya señalados. Pero ahora el autor incluye la barca de la Iglesia con los apóstoles, se puede intuir frágil al estar sacudida por las agitadas aguas del mal, que son las atribulaciones de las fuerzas mundanas; nos recuerda la presencia permanente de la Iglesia en el mundo. La simbología compara la Iglesia y la eucaristía, no siendo posible la una sin la otra.

Para hablar del frontis, tenemos que decir que el posicionamiento del altar viene determinado por la fantástica reja, de la escuela del Maestro Bartolomé, que cierra el presbiterio. Los fieles van a ver limpiamente desde el frente el altar, que va a tener una visión arrolladora, cálida, arrolladora, en cuanto al escenario en general, centrando su atención, que para eso es el centro de la celebración litúrgica. El autor usa con maestría el color y el volumen, especialmente en el frontis donde encontramos una extraordinaria figura del pantocrátor que encerrado en una mandorla dorada gana la contemplación del espectador con  la firmeza con la que sobresale de la pieza general del altar para dirigirse al fiel en un contundente ademán enraizado en ete Jesucristo mayestático.

 

 

Sí concluyentemente es Cristo en Majestad, redivivo artísticamente en una atmósfera románica o bizantina, claramente dando a la obra, que a la vez quiere impregnar al templo un carácter abacial. El pantocrátor  se integra además perfectamente en el templo y se incardina con el retablo dorado que tiene detrás. En su perímetro nos encontramos la farse en latín: Dignus es,domine deus nosteraccipere gloriam, et honoren et virtutem.
Continuando en el frontis, hay unos pequeños angelitos, que muestran esa representatividad que el autor quiere dar a lo pequeño. Portan atributos eucarísticos, y, un sol y una luna: Cristo principio y fin. Manuel López emplea materiales cálidos, usa pedrería diversa y fundición en plata para contrastar con ese sencillo de la piedra y su sobriedad

En cuanto a la mesa del altar, la base del convite pascual. Está formada en forja con piedra de Porcuna en su sobre.  La forja de la obra ha sido realizada por Fernando Bejarano, de Arjonilla. Contiene engastes con montura de plata y piedra de ágata de Brasil. Domina la composición en sus cuatro esquinas la figura de los cuatro tetramorfos, los cuatro evangelistas fundidos en microfusión y bañados en plata de ley. Los cuatro evangelistas están circundados a su vez con pedrería de lapislázuli.Nos encontramos con una obra emblemática, por lo que es, el centro de la asamblea consagrada, por su resolución y por el lugar que va a ocupar en un templo de tanta historia, con tanto abolengo, de tanta transmisión universal.

Por eso Manuel López ha querido recuperar el linaje de donde proviene este lugar, el primitivismo que tuviera el santuario, antes de la destrucción en la guerra civil y su posterior reconstrucción, que, aunque muy buena, siempre va a ser una ruptura con el viejo edificio que surgió en el siglo XIII.

Manuel López intenta recuperar un cordón umbilical, un tiempo primitivo encastado en una genuina solera devocional, una savia que nos lleve a las raíces; y el altar no finge ser otra cosa sino una auténtica mesa para el convite pascual. El uso de la piedra de Porcuna es  un intento de equilibrio con la naturaleza, que tanta importancia tiene en estos pagos de Sierra Morena.